lunes, 3 de noviembre de 2008

"El Recreo de Jacinto" - Capitulo V -

" ... A la mañana siguiente como hipnotizado volvió a coger la misma vereda hasta plantarse frente por frente a su sueño. Esta vez encontró la verja verde abierta y sin dudarlo se adentró en el recinto dejando a buen recaudo su piara. Pero su osadía le jugó una mala pasada ya que la verja, por su sistema de seguridad, se cerró tras de sí retumbando como un martillazo sobre un yunque, dejándolo encerrado en aquel lugar. De nada sirvieron sus intentos de marinear por la puerta y por el resto de follaje que acordonaba el hotel. Desesperado y asustado, cogía y una y otra vez carrerilla para intentar salir de allí. Pero ni su fuerte complexión le ayudó para abandonar la aventura en la que se encontraba inmerso. A punto de hacerse daño en los intentos de evasión, apareció el gigantón rubio de la mañana anterior. Jacinto a la defensiva, creía que éste en cualquier momento podría golpearlo o hacerle daño. Herman, que era su nombre, se acercó lentamente hasta él con los brazos abierto en señal de paz pidiéndole calma.
- No temas pequeño, ¿Cómo te llamas?

El cuerpo de Jacinto temblaba y su boca era incapaz de pronunciar palabra alguna. Su estrés era tanto que no podía ni pensar. Estaba completamente paralizado y clavaba sus uñas en sus sudorosas manos cerradas mientras estrujaba la espalda contra la cancela.
- No tienes que temer nada. Puedes estar en el hotel sin problema alguno, pero si lo prefieres abro la puerta y te puedes marchar.- Le dijo Herman con tono paternal y conciliador.

Jacinto bajó la mirada y comprobando que se abría la puerta tras accionar Herman el mando a distancia que empuñaba, salió a correr con decidida zancada hacia sus cabras. Cuando se encontraba a unos sesenta metros se frenó en seco y se giró hacia el desconocido gritándole tímidamente y casi tartamudeando.
- ¡Mi nombre es Jacinto! ....."