domingo, 21 de marzo de 2010

"INFANCIA COFRADE"



Mi amigo, Jorge Gallego, artista del mundo de la pintura, de fama internacional, ha tenido a bien regalarme este dibujo que plasma uno de los momentos más intimo en la vida del costalero. Es, ese momento de reflexión en el que dos hermanos y compañeros se ayudan a hacerse la ropa, minutos antes de pasear a Cristo por las calles. Nunca podré agradecer lo suficiente el detalle que ha tenido conmigo.
Observandolo, mientras reposa colgado en la pared, vinieron a mi mente momentos vividos en mi niñez, que he querido dejar por escrito en los comentarios que acompañan a esta entrada, para compartirlos con ustedes.
Pueden ver otras obras de este genial artista en su blog (http://www.jorgegallegoartistaplastico.blogspot.com/)

17 comentarios:

salmorelli dijo...

“Aún recuerdo con intensidad todos y cada uno de los destellos y recuerdos de las Semanas Santas, que han formado parte de mi vida. Esas Semanas, en las que la Pasión de Cristo, hecha vida en las calles de mi barrio y de mi ciudad, envolvían bajo un mágico ritual la esencia de mi alma hasta verme participe e inmerso en una celebración festiva que desde mi infancia aprendí a amar y a conocer palmo a palmo sin dejarme atrás un solo detalle, ni rincón.

Todo comenzaba cada año con el primer programa cofrade que escuchaba en noches invernales a través de radio Sevilla, “Cruz de Guía”, de la cadena Ser. Desde ese primer momento comenzaba a latir con fuerza mi corazón cofrade, enredado en la sapiencia que despertaban los concursantes que por parte de los grupos jóvenes de las hermandades participaban en dichas emisiones. Tras la emisión del programa, sin saciarme, seguía horas y horas escuchando en mi habitación, marchas de bandas de música, agrupaciones musicales y bandas de cornetas y tambores.

Más tarde, adentrados en tiempo de cuaresma, mi participación dentro del cuerpo de acólitos me transportaba a todos los quinarios y septenarios celebrados en la Parroquia de Señora Santa Ana. Asistencias a tertulias, ensayos de costaleros, ensayos de coros… Y todo hasta llegar a la función principal de instituto de mi Hermandad.

Esa misma mañana, se repetía desde pequeño de manera sistemática y me hacía sentir y algo muy especial dentro de mí. Vestido de traje y corbata, y acompañado de mis guías cofrades, mi tíos Luís y Mere, asistía a la Capilla del Cachorro en la que difícilmente hallábamos nunca un sitio donde sentarnos. A continuación, el nerviosismo se apoderaba de mí, año tras año, cuando se acercaba el momento de jurar las reglas como hermano. Concluida la función, marchábamos alegremente, con la satisfacción en mi interior del deber cumplido, a tomar unas tapas por los bares que formaban parte de dicho ritual. Las gambitas al ajillo de la “bodeguita el Patrocinio” y el legendario menudo de “Casa Cuesta”, formaran siempre parte de esos recuerdos, de esos sabores y olores de mi infancia.

Transcurridas un par de semanas, llegaba el domingo del pregón y volvería a ser un domingo de fiesta en el que las palabras de cada pregonero, adornadas por los acordes del himno de la Semana Grande de Sevilla, la marcha “Amargura”, se alojaban en mi cabeza para ser tema de charla, tertulia y debate entre familiares y amigos durante días.

Más tarde… ya en la Semana de mis sueños cofradieros despuntaría cada año el recogimiento del Viernes de Dolores al amparo del Vía Crucis organizado en mi Parroquia, tras una semana cargada de visitas a iglesias en la que los priostes se afanaban por terminar su trabajo en los pasos que servirían para pasear a Dios hecho hombre y a su Santa Madre por las calles de Sevilla.

El Domingo de Ramos, procesión de palmas que majestuosamente transcurría desde la capilla de los Marineros hasta Santa Ana, paseos de tarde de Estrella en San Jacinto, con estrenos obligados de prendas y esos dichosos zapatos que por tradición familiar machacarían mis pies después de tanta caminata.

salmorelli dijo...

Lunes Santo, de San Gonzalo por Triana. Fiesta y júbilo de un barrio echado a la calle. Y todas esas otras hermandades que conforman la nómina del día, que servirían para comenzar una nueva andadura en compañía de amigos reunidos en una pandilla de gente que como yo adoraba la Semana Santa, sin que faltaran los primeros coqueteos en razones de amores, ni esa disputas por ver a una hermandad en un lugar mejor que en otro, ya que cada sevillano tiene su propia Semana Santa y sus propios recorridos y horarios para verlas.

Y pasa el martes, y pasa el miércoles, y llega el Jueves Santo. Esto parece terminarse, pero aún queda lo mejor por llegar. Tarde de Santos Oficios, repletos de mujeres de mantillas que salen en busca de Jesús Sacramentado, mientras mi tío Juan, Obispo eterno y perpetuo de la Catedral de Triana, lava los pies a un grupo de jóvenes revoltosos, entre los que me incluyo, de la misma manera que Jesús lo hiciera con sus discípulos en la última cena. Al salir…, sones de cigarreras por pureza que se ahogan a su paso por la capilla de la Esperanza. A continuación, vuelvo a unirme a mis tíos y tras una breve y obligada visita a “Barquitos Loly”, donde saborear un par de torrijas que ayuden a tomar fuerzas para comenzar de nuevo la marcha por las calles del centro en busca de los principales monumentos montados en las Iglesias. Inolvidables, el olor a azahar y el recogimiento que siempre inundaba la capilla de las hermanas de la Cruz, como inolvidable resultaba ver pasar al señor de Pasión por la plaza del Duque, antes de recogernos para vivir nuestra propia “Madrugá”.

Al contrario que el resto de sevillanos siempre viví una “Madrugá” a la inversa, siempre nos acostábamos temprano, para a eso de las cuatro y media de la mañana salir a ver las hermandades del día grande que espera Sevilla. Corriendo, nuestra primera cita siempre era con el Señor de San Lorenzo, con el Señor de Sevilla, con el Señor del Gran Poder, que con paso decidido atravesaba la Plaza del Museo camino de su casa. A continuación, con la tranquilidad marcada por la sabiduría del que ha disfrutado el triple de “Madrugás”, y sabiendo que da tiempo a todo, mi tío Luís, nos invitaba a desayunar unos “calentitos” con chocolate en la ya desaparecida cafetería del Hotel América. De nuevo… Sabores y recuerdos, que parecen florecer al echar la vista atrás. Después…, retomar el camino para coger por entre la muchedumbre al Cristo de la Salud, “Er Manué”, que intentaba perderse por la Cuesta del Rosario a los sones de “Alma de Dios”, con la valentía, el talento y el salero de sus hermanos costaleros de sangre gitana. Y al llegar el amanecer, por la Plaza de la Encarnación, cita con la Esperanza de Sevilla, La Esperanza Macarena. Esa otra Esperanza que arrastra a toda una ciudad, antes de pasearse por delante del convento de las Hermanas de la Cruz, para escuchar sus rezos y afinados cantos.

- Y ahora, ¿Dónde vamos, Tito? –preguntaba siempre.-
- Ahora, ya no tenemos más que hacer aquí. Ya estamos en Triana, que es donde hay que estar.-me contestaba, pellizcando cariñosamente mi cogote.-

A paso de “lluvia”, nos trasladábamos hasta el viejo arrabal acortando por las inmediaciones del Barrio vecino del Arenal. Allí tropezábamos con hileras de nazarenos de la hermandad trianera, intentando no entretenernos demasiado hasta alcanzar exitosamente el que debía ser nuestro destino. La puerta de la iglesia de la “Señá Santana”, donde ya aguardaba nervioso mi tío Juan, junto al mudo y entre todos esos rostros conocidos de una vieja Triana casi olvidada en el tiempo, pero que cada mañana

salmorelli dijo...

de Viernes Santo, continuarían reuniéndose en espíritu a las puertas de la Abuela del Señor. Mi madre, aguardaba la llegada de la Esperanza desde el balcón de casa de mi abuela, en compañía de ésta, de la comadre y de mis hermanas. Mi padre, expectante en la esquina de Vázquez de Leca, vivía en primera fila la llegada de la cofradía siempre expectante y al cuidado de ellas.

Y cuando asoma con alegría por Pelay Correa, esa pezuña sagrada que escolta la delantera de mi Cristo moreno, la multitud aplaude arrastrada por el fervor y las horas de espera para presenciar ese momento mágico de la mañana del Viernes Santo. Con el izquierdo por delante, tras una “revirá” eterna, enfila la calle Vázquez de Leca y a tan solo unos metros de nuestro lugar de espera arranca una lágrima de mis ojos, que con disimulo adolescente intento borrar rápidamente de mi rostro con la mano. Ya en la puerta de la Parroquia, el adoquinado parece abrirse para dar cabida a ese barco enorme y gigante que se planta frente a nosotros adornando su transitar con la sabiduría de los hombres de abajo, que con todo un recital de movimientos saludan a la “abuela” de todos los trianeros. Aplausos, rezos y saetas, despiden al Cristo de las Tres Caídas, que con un paso atrás, busca la calle de la Pureza cuando el sol más ilumina y hace resplandecer su canastilla.

A espera de que llegue hasta nosotros la “Señora”, cada vez más gente se agolpa a nuestro alrededor haciendo intransitable el paso de los nazarenos del cuerpo de la Virgen. Y ahí llega Ella, como a nosotros nos gusta y como sólo los trianeros saben interpretar su exorno floral. A los sones de “Pasan los Campanilleros”, con pasito corto y elegante mecer, se planta ante nosotros. Y es entonces… cuando estalla el júbilo. Cantamos la Salve Marinera, y destellos de saetas afloran por doquier hasta que un hombre mudo torna su silencio en palabra para gritarle guapa al tocar su llamador. Entonces… sin pudor y sin vergüenza, las lágrimas, surcan mis mejillas contagiado por la emoción del momento.

Y después… después llega la preparación para mi estación de penitencia. Cansado de toda la semana y el último madrugón. Siempre con la hora justa, llego a casa de mis tíos. Mi tía, prepara el almuerzo dentro de una cocina repleta de comidas de cuaresma, mientras mi tío prepara la mesa, y yo contemplo con nerviosismo nuestras túnicas planchadas y almidonadas, que penden de la lámpara de araña del salón. Llega la hora, y el ritual de vestirse de Nazareno se hace en silencio… con meditación. Pantalón cómodo y camisa debajo de la túnica negra de mi hermandad. Bolsillos repletos de caramelos, cíngulo blanco bien anudado por el que me enseñó a ser cofrade y mi capa blanca, sin una sola arruga, cogida con grandes imperdibles a la túnica. Antifaz y capirote, de la calle Castilla, calcetín negro y zapatos del mismo color. Y todo ello, para acompañar con una pequeña varita a mi tío en el tramo de escolta del Señor.

Así avanzaría mi niñez, hasta cambiar la vara por el cirio y plantarme en los primeros tramos de la cofradía para perder de vista a mi Cachorro, en su transitar de la tarde. Para cambiar más tarde, el cirio por las cruces de penitencia dejando en casa los zapatos y el capirote, para plantarme tras de su paso y admirar durante mi penitencia su espalda expirante horas y horas. Horas de reflexión, de sufrimiento y sobre todo de agradecimiento por dejarme seguir sus pasos.

Por eso no te olvides, Cachorro mío, que cuando deje de pasearte por las calles de Montellano, volveré a seguirte por las calles de Sevilla. ”

Mary dijo...

Agradezco a tú amigo Jorge que te regalara esa MARAVILLA,(un dibujo espectacular),que a sido capaz de revivir tus recuerdos de la niñez y hacer que tú los compartas con nosotros.

Lo cuentas con mucho sentimiento un escrito lleno de nostalgia que ami personalmente me ha emocionado.

GRACIAS!!!! Por compartir un pedazito de TÍ...Costalero Trianero.


Un beso

annasunn dijo...

Demasiao..pura poesia trianera,todo lo que tenga que ver con esta Semana que ya nos queda poquito para vivirla otra vez,me emociona,pero tus palabras ya me superan.

Un beso. Y felicidades al pintor fantastico dibujo.

Cristian dijo...

No soy creyente, pero por un momento me he sentido emocionado por el fervor de la semana santa... has compartido con nosotros tus emociones y has llegado a "invadir" las nuestras... enhorabuena amigo....

Gara dijo...

Precioso como lo has descrito.

Es un tiempo para reflexionar, perdonar, amar ...

Algún día tendré el gusto de disfrutar a tope de vuestra Semana Santa, tan espectacular donde los sentimientos están a flor de piel y se vive todo al límite.

Un abrazo

melek dijo...

Con que pasión lo cuentas...., nos haces participe de tanta pasión. Yo no he tenido ocasión de vivir una semana andaluza con todas las de la ley
He podido ver una que hacen por aqui en el barrio pero no tiene nada que ver con lo que se ve en la tele, pero aun asi la vivo con gran pasion.

Un abrazo

luna dijo...

Como te va a dejar tu Cachorro detras??? Triana y tu!!!!

susi dijo...

KE BONITO SE ME HAN PUESTO LOS PELOS DE PUNTA.YA ME GUSTARIA VIVIR COMO TU ESA SEMANA SANTA EN SEVILLA.TIENE KE SER PRECIOSA .UN BESO Y ADISFRUTAR DE ESTA. ENCONPAÑIA DE TU PEQUEÑO.

Liliana G. dijo...

Gracias por compartir esos recuerdos hermosos e imborrables de tu vida, Salmorelli, es un honor poder ser parte de tu alegría al recordarlos.
La emoción, teñida de recuerdos, es la emoción que aflora cada Semana Santa, con la misma intensidad que entonces.
Precioso dibujo el de Jorge Gallego, todo un detalle.

Un beso grande, querido amigo.

Mery Larrinua dijo...

Un gesto hermoso el de tu amigo! ha sido un gusto leer tu escrito con todos esos recuerdos maravillosos de tu infancia!
un fuerte abrazo

Marisol dijo...

Bonito detalle el de tu amigo pintor que te ayudó a recordar parte de tus vivencias de tu infancia.
Un cordial saludo berlinés te envío.

Anouna dijo...

Debe ser emocionante en verdad, revivir esos momentos de fe intensa, cuando seguir la tradición, unido a una pasión por Cristo, se hace un momento maravilloso para el recuerdo y la historia.

Bella entrada,

Gracias por visitar mi blog, y además dejar huella en él, me ha dado la posibilidad de venir para conocerte.
Te dejo mi enlace, me hice parte en los seguidores pero no sé por qué me salió con el enlace de otros de mis blogs, bueno de paso si quieres visitar. Estamos en contacto de visitas.

Un abrazo desde Chile,
Anouna
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Leni dijo...

Enhoraburena en todos los"sentidos".

Un abrazo y gracias por compartir ...

victoria dijo...

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SHE dijo...

me pareció un tema espléndido en cuanto a usos y costumbres, un tema que ignoraba por completo, me has dado una hermosa clase de religión.
Gracias