viernes, 23 de marzo de 2012

PRIMER PREMIO EN EL III CERTAMEN DE RELATOS BREVES COFRADES "EL AGUAÓ DE MONTELLANO". 2012 "RIOS DE INCIENSO"


Gracias a la organización de este certamen un nuevo año, he podido disfrutar a la hora de participar en el, y agradezco de todo corazón a la citada tertulia cofrade la adjudicación de éste primer premio.

Él relato con el que he ganado lo podéis leer en los comentarios que se adjuntan en esta entrada.

9 comentarios:

salmorelli dijo...

RIOS DE INCIENSO

Por

Tomás Prieto Martín


Al llegar la primavera, ¿pero que digo yo?, tan solo cruzar ese umbral que separa la Navidad, de los últimos coletazos del ligero invierno que suele pasear por nuestra tierra, nace cada año un sentimiento en el interior de mi alma, difícil de explicar. Sentimiento, que se alimenta de una calma tensa que sabe esperar ansioso hasta llegar a la Cuaresma. Un palpitar bien distinto al que mi corazón está acostumbrado a padecer cuando de otra época del año se trata. Un palpitar, distante y desangelado, en el que nuestros pensamientos viajan aún alejados del sentir de una cuarentena de días que parecen resistirse a llegar hasta nosotros desde el añejo almanaque que guardamos escondido y clavado detrás de una puerta cualquiera de nuestro hogar. Mi sentir, se une al de otras muchas personas, que como yo, encuentran en estos días la ocasión perfecta de reconfortar sus espíritus cofrades.

Sentado frente a este papel, en blanco y sediento de letras, deseo compartir esas inquietudes. Intentaré transmitir a través de las resumidas páginas que se me exigen, una historia fortalecida con anécdotas y experiencias difícilmente creíbles para aquellos que no lleguen a comprender que es lo que estremece al alma cuando una cruz cenicienta, impuesta sobre la frente, arranca de nuestros cuerpos la necesidad de recogimiento más íntima del cristiano.

Ésta es la historia de un cofrade. De un cofrade, nacido en cualquier rincón de Sevilla, y del que anónimamente jamás nadie supo su sentir. Él, será ahora quien nos narre su navegar constante, a lo largo de toda una vida, dentro del seno de una Hermandad. Una Hermandad, que cualquiera pudiera ser de entre todas. Una Hermandad, con la idiosincrasia propia de esas que nos rodean en cualquier pueblo o ciudad. De esas que tanto parecemos conocer de su historia en el paso del tiempo, pero de las que no acertamos adivinar lo que existe realmente detrás de muchas de las personas que pasan a formar parte de su nómina, y que convertidas en simples números de hermano, atesoran vivencias doctrinales de primera categoría.

salmorelli dijo...

Vivencias estremecedoras y enriquecedoras que hacen cada día que sus familias continúen heredando ese sentir cofradiero que titánicamente luchan por defender entre dimes y diretes, y contra esas gigantescas lagunas de fe ajenas, que asolan nuestro mundo y nuestra sociedad. Es la historia narrada por Juan. Simple simiente de una estirpe rebosante de compromiso, fe y tradición, y que dice así;

“Tuve la suerte de venir al mundo cuando aún parecía estar bien visto continuar con las tradiciones y costumbres de mi tierra, sin que esto fuera motivo de mofa o burla alguna ante una sociedad que parecía encaminarse poco a poco desde lo rancio hasta un paso más allá de lo progre. En unos momentos en los que a todo creyente enorgullecía pasar a formar parte de una Hermandad. Tiempos, en los que la herencia sentimental de una familia pasaba de padres a hijos revestida de túnica o costal, o tiempos, en los que pandillas de jóvenes comenzaban a salir, por primera vez, en torno a las salidas procesionales de su entorno al llegar la Semana Santa. Eran otros tiempos, tal vez. Tiempos, hacia los que echando la vista atrás aún recuerdo con nostalgia como de pequeño me acercaba a los cultos de mi hermandad y prestaba mis jóvenes manos para la limpieza de sus enseres antes de que fueran encajados con la conjunción perfecta de un majestuoso puzzle en sus pasos. Eran otros tiempos, tal vez. Tiempos, en los que competía cada cuaresma por formar parte de un cuerpo de acólitos, que tenían el privilegio de estar más cerca de Ellos. Tiempos, en los que ríos de incienso impregnaban mi cuerpo y mis ropas al finalizar la misa, y orgulloso me hacían sentir tras conseguir dicho objetivo.

Añoro, mis primeras salidas procesionales, sin apenas levantar dos palmos del suelo, en los que portaba una pequeña vara de metal rematada con el escudo de mi Hermandad. Allí estaba yo. Luchando contra el cansancio y la fatiga que producía a un ser tan frágil y pequeño las horas y horas de largo recorrido para culminar mi estación de penitencia, bajo la siempre atenta mirada de mi tío, Luís. Allí estaba yo, guardando mi compostura, devoción y respeto, como todos aquellos hermanos de pobladas canas, que bajos sus antifaces tenían la suerte de conformar ese último tramo que precedía a su paso. Esos…que tenían la suerte infinita de pasar a formar parte de su escolta.

salmorelli dijo...

Años más tarde…esa varita de metal, que me acompañó durante varios años, menguó e impidió que pudiera seguir tan cerca de Él, como me hubiese gustado. De un plumazo fui enviado a otro lugar del cortejo donde la música también suena con fuerza, aunque de manera distinta, donde la soledad más absoluta del nazareno se reconforta al saber que la cruz que le preside sirve para anunciar a la gente que pronto tendrán la suerte de verlo de cerca. Allí, y miren que paradoja, es cuando te conviertes en el primero tras ser el último que has llegado, y es allí cuando comienza tu carrera hacia atrás deseando volver pronto junto a su imagen. Es el momento en el que te tienes que planificar tu vida como cristiano. El momento, para ir poco a poco de nuevo en su busca con las manos llenas de buenas acciones que ofrecerle. Debes pasar, tramo a tramo, por las dificultades que la vida te presenta, aunque a veces la vida marche más deprisa para ti que para el discurrir de esas listas que recogen los números de hermanos por su antigüedad. Debes prepararte para cuando llegue ese momento en el que tu cirio al fin cambie de color, para volver a estar más cerca de Él. Y ese fue mi planteamiento. Poco a poco, dentro del seno de mi Hermandad, fui pasando del primer tramo al segundo. Del segundo al tercero. Del tercero al cuarto. Senatus, Banderas, Guiones… De la niñez a la adolescencia, y de la adolescencia a mi juventud. Y tan diversas fueron mis circunstancias, como las propias que le tocaron atravesar a la cofradía. Tantas… que se me presentó la oportunidad de cambiar la luz que portaba en su cortejo, por el negro de las zapatillas que visten sus cirineos de costales blanco, pero una terrible enfermedad salió a mi paso, sin miramiento alguno, impidiendo que cumpliera mi sueño de rozar mi cuello contra las trabajaderas sagradas de su parihuela. Con fervor lloré, recé y confié en que simplemente se trataba de un hasta más tarde, pero las cosas pintaban mal y poco hacía confiar en que me encontrara con tan ansiado momento. Llegó una nueva Semana Santa, y con el corazón en un puño lo vi caminar pese a estar clavado en su Cruz. ¿Qué hacía allí? ¿Qué hacía que no lo acompañaba? Tendría que esperar un nuevo año, y contra los consejos médicos y familiares regresé para formar parte de su procesión en la tierra. Había hecho tanto por mí, que necesitaba y ansiaba devolverle mi gratitud y mis rezos más penitentes que nunca. Entonces…arranqué el cartón de mi antifaz y porté durante años sobre mis hombros las sencillas cruces de madera que en cada cofradía siguen sus pasos. En silencio…agarrando con firmeza un rosario entre mis manos, y arrastrando mis pies desnudos sobre adoquines y acerados. - ¡Ya estoy aquí, Dios Mío, cerca de ti de nuevo!-exclamé ante la incrédula mirada de quienes me habían visto padecer tan poco tiempo atrás. Años después, las circunstancias volvieron a cambiar, dejando al descubierto que nadie es dueño de su destino. Cerré mis ojos y me encontraba tan alejado como tan cerca de nuevo de Él. Desarraigado y alejado quizás, de mi niñez, mi adolescencia y mi juventud. En plena madurez. Una madurez, en la veía multiplicada mi Hermandad por tres.

salmorelli dijo...

Sin la luz, ni la cruz, pero al fin con mi zapatilla, mi faja y mi costal. Sabía que me darías al fin la oportunidad, y que levantarías tus faldones para dejarme pasar. Ahora, cierro los ojos…y a medida que arrastro mis pies, y mi cuerpo se resiente levemente por el peso de tu sufrimiento, siento que aún me queda mucho por ofrecerte. Mucho por sembrar y por recoger antes de merecer la ocasión de regresar a ese último tramo de elegidos, preludio de quienes te acompañaran por toda una eternidad. Mientras tanto, permaneceré inculcando y transmitiendo a mis descendientes lo que antes supieron inculcar en mí, mis mayores. Son otros tiempos, tal vez…pero mi fe en Ti, es imperturbable.”

A través de la historia de Juan, encuentro reflejadas mis experiencias cofrades, que envueltas por esos ríos de incienso aromáticos y siempre diferentes acompañaron mi transitar cuaresmal durante días de cultos, limpiezas, cánticos, noches de ensayos, tertulias… y sobre todo en esas tardes de Viernes Santo, que mi niñez, mi adolescencia, mi juventud y mi madurez dejaron atrás persiguiendo los pasos de un Jesús, que agoniza y expira cada año en su cruz teñido por un semblante gitano que lo hace único y cercano. Cuando nos entrega su amor y misericordia en su transitar por las calles del viejo arrabal Trianero. En la actualidad, me estremezco, cuando cada año tengo la oportunidad de vivir con jubilo la mañana del Domingo de Ramos, cuando a lomos de una Borriquilla, ese mismo Jesús, que a punto está de padecer su Pasión y Muerte, se adueña de la calle “Matahacas”, envuelto por las sonrisas impacientes e inocentes de quienes comienzan su andadura cofrade por las calles de Montellano. Esos cofrades que inician sus primeros pasos, agarrados con firmeza a sus palmas, hacia un camino repleto de compromiso y entrega. Me sobrecojo, al sentir en mi corazón ese paso siempre “racheao” que marca el crujir de una trabajadera sobre mi cuello, cuando el Gran Poder, al caer la tarde, se pasea meciendo ligeramente su túnica por entre las calles de su Pueblo, sin dejar atentamente de mirar por entre las hileras de hermanos de luz y de cruces. Y mi alma, cuando llega la tarde del Viernes Santo, de ese viernes bendito del año que siempre ansié desde mi cuna, se paraliza cuando un crucificado, que lleva por nombre Remedios, se duerme a su paso por el “Callejón del Tomate” creando la duda de quienes le rezan… ¿esta muerto o sueña apaciblemente al contemplar la fe que le muestra y rinde su Montellano?

salmorelli dijo...

Como nos cuenta Juan, en su historia, procuraré continuar recorriendo mi camino con la vista puesta en ese horizonte que urge al cristiano en llenar de presentes sus manos vacías, para que cuando llegue el momento de entrar a formar parte de ese último tramo pueda encontrarme tan reconfortado, como ese primer día en que una pequeña vara de metal con el escudo de mi Hermandad, sobrepasaba mi cabeza haciéndome sentir orgulloso de formar parte de ella.



Dedicado a quienes sembraron la simiente cofrade en el fondo de mi alma, para que jamás llegara a borrarse en mí peregrinar por la vida. Tan solo pasó el tiempo, nunca las personas. A ti, Ángel, siempre ejemplo de espíritu cofrade, y que hoy conformas para siempre ese tramo de escolta del Señor.

Mary dijo...

Un rio con un caudal lleno de recuerdos,vivencias de amor,de sufrimiento,de superación y al final de recompensa a una niñez,adolescencia,juventud y madurez que siempre han tenido en común la fuerza y la fe..RIOS DE INCIENSO que bien merecen ese premio...Precioso relato que hace que me emocione, GRACIAS POR COMPARTIR CON TODOS NOSOTROS TUS SENTIMIENTOS COFRADES.

Enhorabuena y te deseo una Semana Santa inolvidable cargada de amor en tus zapatillas,faja y costal.

Un beso Tomás.

gonzalo dijo...

Bendito seas hermano por transmitirme ese sentimiento que hago mio que al igual que a ti ni se me borró ni se me borrara mientras tenga un halo de vida.

merecidisimo primer premio hermano, felicidades.

annasunn dijo...

Maravilloso!!Una vez más que nos haces emocionarnos y una vez más que recibes bien merecido este premio.

ENHORABUENA!!

asun dijo...

Precioso relato lleno de intensas emociones Nunca dejas de sorprendernos gracias Tomas,